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Día 8: El Sagrado Corazón, Modelo de recogimiento y modestia

Oración introductoria de cada día

Corazón amantisimo de Jesús digno de todo amor y de toda mi adoración; movido por el deseo de reparar y de lavar las ofensas graves y numerosas hechas contra ti, y para evitar que yo mismo me manche de la culpa ingrato, te ofrezco y te consagro enteramente mi corazón, mis afectos, mi trabajo y todo mi ser.

Por cuanto son pobres mis méritos, ¡oh Jesús!, te ofrezco mis oraciones, mis actos de penitencia, de humildad, de obediencia y de las demás virtudes que practicaré hoy y durante mi vida entera hasta el último suspiro.

Propongo hacer todo por tu gloria, por tu amor y para consolar a tu Corazón. Te suplico aceptes mi humilde ofrecimiento por las manos purísimas de tu Madre y Madre mía Maria.

Dispón de mí y de mis cosas,Señor,según el beneplácito de tu Corazón. Amén.

P. León Dehón


8.-EL ESCÁNDALO

El corazón más dulce y más humilde de la tierra es el Corazón de Jesús. Pero este corazón divino no puede quedar indiferente frente a la ruina de tantas almas y es entonces cuando se conmueve y grita: ¡Ay, del mundo por los escándalos!

Jesús trabaja por la salvación de las almas; el escándalo roba las almas a Jesús para darles el demonio. Jesús muere en la cruz para redimir a los pecadores; el escándalo hace estragos de la inocencia, destruye y arruina la obra de la redención.

Dice S. Agustín que el escandaloso sufrirá tantos infiernos corno las almas que él ha asesinado. Examínate bien. La Magdalena fue escandalosa, pero repar6 y lleg6 a ser santa, Haz tú lo mismo.

DÍA 08: DÍA DE AMOR A LA CRUZ

“En estos días que tanto se me ofende quiero que seas mi Cirineo, me ayudes a llevar la cruz... es la cruz del amor... la cruz del amor a las almas; tú me consolarás y los dos sufriremos juntos... Mi cruz descansa sobre tu miseria y yo me reposaré en tu pequeñez.
Toma mi cruz, no tengas miedo... nunca será mayor que tus fuerzas porque está medida y pesada en la balanza del amor. Te dejo la cruz, sufre por las almas y por mi amor. Dime que por amor quieres tú también abrazar la cruz de mi voluntad.”

TU ALMA RESPONDE ASÍ A JESÚS:

Corazón de mi Amado Jesús:

Que encuentres en mí descanso y te glorifique.
Que no resisa en las cosas pequeñas.
Que te reciba bien cuando me visites con la cruz.
Que adore tu cruz y me sirva de ella para procurar tu gloria.
Para conseguir misericordia a los pecadores, amor a los corazones indiferentes, luz para las almas ciegas.


PRÁCTICA PARA ESTE DÍA:

Sal hoy al encuentro de la cruz... no te quejes de nadie


EL SAGRADO CORAZÓN,
MODELO DE RECOGIMIENTO Y MODESTIA


I ¿Qué ves, alma cristiana, en la figura exterior de tu Divino Jesús? Ves el retrato más acabado del recogimiento y de la modestia cristiana. Mírale bien y aprende de El como has de ser en tu porte y maneras, si quieres hasta en eso llevar el sello del Sagrado Corazón.

Su voz es quieta y sumisa, sus palabras prudentes y pocas, Su andar grave y mesurado, su mirada recogida y bondadosa. El semblante de Jesús era tal, que inspiraba sentimientos de virtud a quien lo contemplaba, y era imposible verlo interiormente mejorado.

Sus enemigos nunca pudieron tacharle de ligereza y desenvoltura. Los que sin cesar buscaban por agarrarle la palabra, jamás pudieron echarle en rostro una que fuese inconveniente. Su alegría era tan edificante como su austeridad; nadie le oyó ruidosas carcajadas, ni le vio desacompasados movimientos. Todo su exterior era el reflejo de orden, paz, igualdad y armonía en su divino interior.

Dame a conocer ¡oh dulce Jesús! los suaves encantos de esta celestial virtud.

Medítese unos minutos.

II El rostro y los ademanes son el espejo de lo que pasa en el corazón, por eso, llevo retratados en ellos la disipación y el desorden del mío.

¿Soy cristiano o gentil? ¿Sirvo a Dios o al mundo su enemigo? Nadie creería lo primero, sino más bien lo segundo, oyendo tal vez mis conversaciones, mirando mis trajes, observando mis actitudes.

¿A qué tengo dedicados mis sentidos sino a culpables o por lo menos peligrosos devaneos? ¿Qué ley pongo a mis ojos, para que no tropiecen con escollos mil para la honestidad? ¿Qué freno aplico a mi lengua, para que no hiera la reputación ajena o no se deslice en mil y mil superfluidades? ¿Qué loma valladar he puesto a mis oídos, para que no se vayan tras la curiosidad y mundanos pasatiempos? ¡Ah! que estos medios que se me han dado para servir con ellos a Dios y al prójimo, sólo los empleo yo, para que me rinda y esclavice el mundo con todas sus vanidades.

¡Pobre corazón mío, abierto así sin el muro de la modestia a todos los embates del enemigo! ¡Pobre corazón, expuesto así por mi culpa a todas las oleadas de este mar de corrupción!

Rodeadlo, Señor, de esta preciosa virtud como de fortísima muralla, para que sea plaza cerrada e inexpugnable donde sólo entréis Vos, y nunca jamás vuestro enemigo.

Medítese, y pídase la gracia particular.

ORACIÓN:
DIOS MÍO, TE ADORO

(Santa Margarita María Alacoque)

Dios mío, te adoro oculto en esta sagrada Hostia. ¿Es posible que te hayas reducido a tan humilde morada, para venir a mí y permanecer corporalmente conmigo? Los cielos son indignos para alojarte, y ¿te contentas, para estar conmigo siempre, con estas pobres especies? ¡Bondad inconcebible! ¿Podría yo creer esta maravilla si Tú mismo no me la asegurases? ¡Oh Dios de la majestad, pero también Dios del amor! ¡Que no sea yo todo entendimiento para conocer esta misericordia, todo corazón para agradecerla, toda lengua para publicarla! Tú, oh Dios de mi corazón, me has creado para ser objeto de tu amor infinito ¿cómo puedo no desear poseerte? Te abro mi corazón, te ofrezco mi pecho, mi boca y mi lengua para que vengas a mí. Ven, ven, divino Sol mío. Ven, Médico caritativo de mi alma. Ven, Jesús, el más fiel, el más tierno, el más dulce y más amable de todos los amigos, ven a mi corazón.

El que amas está enfermo. Tú lo sabes, Tú que lees en el fondo de mi corazón. Te ruego, por tu incomparable amistad y tu palabra, que vengas a aliviarme. Ven, y no permitas que te dé motivo para dejarme. Ven, vida de mi corazón, alma de mi vida, Pan de los ángeles, encarnado por mi amor, expuesto por mi rescate, y dispuesto para mi alimento. ¡Ven a saciarme! ¡Ven a hacerme vivir de Ti y en Ti, mi única vida y todo mi bien!

UN CANTO A MI AMADO:

“El que canta ora dos veces”, decía San Agustín.

El canto es el afecto del corazón hecho música. Una hermosa manifestación hacia el ser amado.


Salmos 150
Salmo de alabanza


1 ¡Aleluya! Alabad a Dios en su santuario;
alabadle en su majestuoso firmamento.
2 Alabadle por sus hechos poderosos;
alabadle según la excelencia de su grandeza.
3 Alabadle con sonido de trompeta;
alabadle con arpa y lira.
4 Alabadle con pandero y danza;
alabadle con instrumentos de cuerda y flauta.
5 Alabadle con címbalos sonoros;
alabadle con címbalos resonantes.
6 Todo lo que respira alabe al SEÑOR.
¡Aleluya!


TE NECESITO, JESÚS
Mónica Arroyo

Te necesito
como el aire que respiro cada instante,
como las plantas necesitan de la lluvia,
como la luna, el sol para brillar.

Te necesito
como a nada necesito en este mundo,
por Ti suspira cada fibra de mi alma.
Todo me cansa en esta vida si no estás.

Te necesito
con una sed y con un ansia desmedida,
porque constato y lo compruebo día a día,
fuera de Ti, nada me podrá llenar.

En esta vida
todo promete más de lo que puede darme,
nada ni nadie logrará jamás saciarme.
Solo Tú llenas, Jesús, todo mi ser.
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